Previo a la guerra en Irak, el petróleo estaba en boca de todos, fuera ya para acusar o desmentir: manifestantes a favor de la paz, los medios de comunicación y los gobiernos involucrados. En el Irak de posguerra, no obstante, y en la ausencia de armas de destrucción masiva, poco se menciona respecto a la cuestión del petróleo. ¿Cuál es la evidencia de que la invasión haya estado fundamentada en intereses empresariales? ¿Cuál es la situación de la actual producción petrolífera en Irak?
La primera consecuencia de un ataque estadounidense contra Irak en el mercado petrolero será la de un incremento de los precios. La cotización se dispararía a una banda de entre 35 y 50 dólares por barril, según el consenso generalizado de los expertos del sector. Tras una guerra corta y un cambio de régimen en Bagdad (Irak), como prevé los estrategas norteamericanos, el mercado petrolero será básicamente “más predecible, estable y seguro, y los precios serán más bajos”.
A ninguno de los expertos se le escapa la importancia estratégica que tiene el petróleo para los EE.UU., los mayores importadores de crudo del mundo, y el hecho de que Irak tenga las segundas mayores reservas probadas del mundo, 112 mil millones de barriles. El petróleo iraquí, además de ser abundante, es de calidad media y su coste de extracción está entre los más bajos. Sobre este potencial petrolero iraquí, se basa todo el análisis del futuro del mercado petrolero.
Los EE.UU., producen mucho petróleo, casi seis millones de barriles diarios, pero la economía estadounidense necesita más de tres veces esa cantidad para funcionar. En 2001, los EE.UU., importaron 11.6 millones de barriles diarios y más del 20 por ciento de ese crudo era saudita. Esa dependencia ya había sido motivo más que suficiente para que el ex presidente Bush (padre) interviniese rápidamente en defensa de sus aliados y socios, Kuwait y Arabia Saudita, cuando éstos fueron invadidos por Irak en 1991.
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